Ecuador: primera derrota del movimiento indígena y algunos planteamientos para nuevas estrategias

Francisco Hidalgo Flor
Especial para
*Gramsci e o Brasil*




En el Ecuador vuelven al debate los planteamientos sobre el futuro del movimiento popular y la tendencia de izquierda, en estos tiempos marcados por los desafíos de: i) dejar atrás la participación en un gobierno y asumir la confrontación con el programa del FMI; ii) cobrar conciencia del nuevo contexto histórico: globalización y desestructuración del estado-nación; iii) reconocer los límites de los discursos del pasado y aceptar la necesidad de nuevas estrategias.
El movimiento indígena sufre su primera derrota política, en su trayectoria reciente de sujeto político con carácter nacional y liderazgo social, que va de 1990 hasta el momento presente, cuando se separa del gobierno de Gutierrez sin haber impregnado ninguna acción de trascendencia que implicara reformas sustanciales, y la dirección política del proceso es copada desde el directorio central del Movimiento Pachakutik para imprimir una línea de consensos con los sectores empresariales y militares.
El movimiento popular ecuatoriano, y en particular el movimiento indígena, atraviesa por una encrucijada, y ese cruce de caminos, del cual no es posible volver atrás, esta marcado por la experiencia de una creciente resistencia social, que alcanza nuevos niveles desde el Levantamiento de 1990, y por una debilidad política-estratégica de transformar esa voluntad colectiva en conquistas sociales reales; a ello se añade la disputa de varias tendencias, unas con mayor incidencia que otras, que actúan desde hace algunos años en su interior.
Ello queda evidenciado en el corto lapso de seis meses de la gestión de co- gobierno con el Presidente Lucio Gutierrez y Sociedad Patriótica. Aunque vale preguntarse: ¿fue en verdad co-gobierno?, o ¿solo fue un acceso parcial y subordinado a ciertas instancias del aparato gubernamental?, e incluso reconociendo la subalternidad, ¿era posible impulsar propuestas y proyectos con carácter popular más definido?, ¿por qué fue imposible constituir dentro del gobierno una acción conjunta de los partidos de izquierda y el movimiento indígena?
Las diversas y contradictorias respuestas que se dan muestran las líneas divisorias entre las distintas tendencias. Aquellas de profundizar un alineamiento del proyecto indígena con una perspectiva de “tercera vía”, de un liberalismo social, una de cuyas expresiones locales es la tesis de los “acumulados ciudadanos”, esbozados por un sector de la dirigencia nacional de Pachakutik. Otra tendencia estaría en torno a una perspectiva etnicista, que lea los errores cometidos como una responsabilidad exclusiva de los llamados sectores “mestizos” de Pachakutik, dejando de lado que son alineamientos políticos que superan la problemática étnica, en las que estan involucrados con sus limitaciones y equivocaciones dirigentes indios como Miguel Lluco o Nina Pacari. Una tercera tendencia se plantearía una lectura crítica e integral del proceso, colocando al centro una propuesta anti-neoliberal, para avanzar en una perspectiva de bloque popular.
La experiencia de la participación de la CONAIE, de Pachakutik, y del MPD en el gobierno de Gutierrez demuestra, a grandes rasgos, las complejidades de los procesos políticos en el Ecuador y la necesidad de renovar estrategias para dar cuenta del momento histórico presente.
El apoyo de las listas 18 y 15 fueron determinantes para el triunfo electoral de Gutierrez en la primera vuelta, pero casi de inmediato, en la corta distancia hacia la segunda vuelta, las definiciones a favor de los grupos de poder nacional y transnacional fueron determinando los rumbos del gobierno, que a los treinta días de su posesión marcó la cancha en su cita oficial con la administración guerrerista de George W. Bush y la suscripción de la Carta de Intención con el Fondo Monetario Internacional, “en el plazo mas corto que ningún otro gobierno” como lo proclamó ufanamente el propio coronel-ingeniero.
De ahí en adelante fue el triste espectáculo de una izquierda y un movimiento indígena arrinconados, mientras las decisiones trascendentales pasaron a manos del sector banquero atrincherado en el Ministerio de Economía y el Banco Central. La aplicación del programa neoliberal por un lado y por el otro los ministros de Pachakutik, incluido el secretario de planificación, esbozando alcances y reformas a los componentes de ese programa, intentando acercamientos a otros sectores burgueses como Canessa o Aspiazu, a la par que apostando a la desmovilización de la CONAIE.
En definitiva el co-gobierno jamás existió, como tampoco fue un “gobierno en disputa”, como lo calificó la dirección de Pachakutik, ni el “gobierno de transición” que quisieron ver algunos dirigentes indígenas.
La presencia de la izquierda e indígena se dio en condiciones de subordinación frente al programa neoliberal, que superaba de largo las perspectivas de las negociaciones con Gutierrez y Sociedad Patriótica, y la voz definitiva estaba por fuera de los tiras y aflojas en Carondelet, se encontraba en las oficinas centrales del FMI, del BM, de la embajada en Quito, y en la alcaldía de Guayaquil.
Pero incluso en esas condiciones, en el escaso tiempo de presencia en el gobierno, sí era posible una posición distinta, a la que adoptaron la mayor parte de ministros y asesores comprometidos, pues jamás quisieron arriesgar una postura política distinta, que mostrara, que señalara, propuestas alternativas, distintas al del clásico recetario. Ello hubiera sido posible sobre la base de apuntalar un bloque popular dentro del gobierno y fuera de él, privilegiando la alianza entre partidos de izquierda, con los sectores de trabajadores y de los barrios populares.
La responsabilidad recae sobre la mayoría de la dirección nacional de Pachakutik, que apuntaba a otro lado, aligerar el proceso de cooptación del movimiento indígena hacia las políticas estatales, desmovilizar a la CONAIE, aislar a los sectores de izquierda y tender puentes hacia sectores burgueses.
Los argumentos fueron una especie de versión local de la “tercera vía”, señalando que la izquierda ecuatoriana tiene vocación para protestar pero no para gobernar, por lo tanto de lo que se trataba era aprender a realizar la gestión gubernamental, perfeccionar los cuadros técnicos, demostrar las habilidades burocráticas y administrativas. La perspectiva atraviesa por consolidar los caminos de la ciudadanía. Un discurso muy similar a aquel de León Roldós en la campaña electoral, o al actual del Secretario de la Comunicación de Gutierrez.
Mas también es verdad que las problemáticas superan los temas de los alineamientos personales o colectivos, van más allá de las voluntades, están marcadas por un contexto nacional e internacional donde dos décadas de neoliberalismo y programas de ajuste han consolidado y extendido los hilos del poder de las burguesías criollas, pero sobretodo, de los organismos internacionales y las imposiciones de las transnacionales. Dos décadas donde la derrota del socialismo abrió las puertas a la expansión del “complejo del muro”, a la renunciación por anticipado de las categorías marxistas y críticas para entender y desentrañar las lógicas de reproducción económica, social y cultural de los sistemas de explotación, polarización y exclusión.
Es un problema planteado no solo para el movimiento popular ecuatoriano: debates mas o menos similares se presentan en Brasil, Uruguay, El Salvador, en verdad en toda Latinoamérica. Son los problemas que plantea construir caminos mas allá de la versión del arco iris dibujado por liberalismo social y la economía de mercado.
Creemos que las respuestas se pueden ir encontrando en el camino de consolidar un Bloque Popular - precisamente lo que jamás quiso la dirección de Pachakutik y contra la cual siempre conspiró Gutiérrez y los sectores banqueros del gobierno -, y en el propósito de ir construyendo un proyecto contrahegemónico - la reafirmación de perspectivas alternativas, no solo como propuesta de gobierno, sino como conciencia colectiva de mayorías -.
Esto es particularmente importante para el movimiento indígena, pues al constituirse en el actor político del sector popular con mayor capacidad de incidencia en la vida nacional, es hoy objeto de disputa de las diversas tendencias, mas aquellas de divisionismo y populismo que incentiva Lucio Gutiérrez.
¿Qué queremos decir con el planteamiento de Bloque Popular? Colocar al centro los acuerdos, las alianzas, entre las organizaciones que representan al conjunto de clases y capas sociales explotadas, excluidas, que sufren en carne propia la opresión y dominación del capital. Unidad en la acción, pero también unidad para el debate y la elaboración de programas conjuntos. Esto también implica superar las visiones unilaterales, o solo clasistas, o solo etnicistas, del sujeto social; en el Ecuador actual es indispensable articular las percepciones sobre la explotación económica, con aquellas de la dominación étnica y cultural, junto a aquellas respecto de la opresión de género, para abrirnos hacia una construcción integral de lo popular.
Asumir una perspectiva latinoamericana sobre el movimiento indígena, movimiento obrero, la izquierda, los movimientos de género y ecológicos, de soberanía regional, para superar el fraccionamiento impuesto; una perspectiva que se plantee integrar economías y sociedades, en confrontación con el mercado único, el ALCA, los presidencialismos militarizados y autoritarios del Plan Colombia.
Un bloque popular que sea capaz de decir NO a las cartas de intención con el Fondo Monetario Internacional, no solo cuando está en la oposición y las calles, sino también cuando accede a los gobiernos y las instancias de poder. Bloquear los programas de privatizaciones, de flexibilización laboral, de cargas tributarias.
¿Qué queremos decir con una perspectiva de contrahegemonía? Colocar al centro una construcción política e intercultural entre el pensamiento crítico, las propuestas socialistas, y el proyecto plurinacional y multicultural del movimiento indígena. Un debate que ponga al centro los temas sobre el poder, el estado, el capital, la dominación ideológica. Un debate que desentrañe los discursos del mercado, la sociedad civil y la ciudadanía, como el nuevo caballo de troya que abre las puertas para la gobernabilidad del neoliberalismo.
Si algo evidencia con nitidez la coyuntura electoral y gubernamental del 2002- 2003 es que el proyecto de la plurinacionalidad es insuficiente para dar cuenta de la magnitud de los procesos políticos que requiere un proyecto anti-neoliberal. Así como antes, con el derrumbe del socialismo real, quedaron evidenciados los límites de los proyectos centralistas-estatistas.
Es necesario construir el encuentro entre los discursos del marxismo, de los pueblos originarios y la conciencia social del conjunto de los explotados y excluidos.

______________

Francisco Hidalgo Flor é sociólogo e diretor da revista equatoriana Espacios.
______________