Las revueltas del alba y disputa por hegemonía

Francisco Hidalgo Flor
Especial para
*Gramsci e o Brasil*




Una visión general del año 2003 nos deja como los acontecimientos políticos y sociales mas trascendentes los siguientes: el triunfo electoral de Lula y del Partido de los Trabajadores en Brasil, así como los caminos adoptados por estos en el ejercicio del gobierno; las vicisitudes de la presencia del movimiento indígena y de la izquierda en el gobierno en Ecuador; la revuelta popular en Bolivia, la denominada “guerra del gas”, y la destitución de Sánchez de Lozada; las dos derrotas políticas de Uribe y la apertura de espacios civiles en Colombia; las movilizaciones y posiciones anti-ALCA en las reuniones de Cancún y Miami. Se pueden mencionar también las sorpresas de las políticas de Kishner en Argentina, la huelga popular en República Dominicana.
Las revueltas de amplio espectro social se expandieron, son las revueltas del alba, del amanecer ante hora obscura de la globalización, del imperialismo guerrerista, los primeros momentos que avizoran el nuevo día, pero que aun esta parcialmente cubierto por penumbras. También retomando la propuesta reciente de oponer al ALCA el proyecto latinoamericano de ALBA.
En conjunto estos hechos, y muchos otros, vuelven a evidenciar la crisis de la aplicación del modelo neoliberal en Latinoamérica; demuestran el crecimiento de las movilizaciones en contra de las políticas de ajuste; aumenta la conciencia sobre el rol que instituciones como el Fondo Monetario y el Banco Mundial desempeñan como las verdaderas instancias de gobierno en la región; se empiezan a tejer redes supranacionales en el campo popular.
En este gran escenario, que consolida tendencias presentes desde años atrás, se expresa una lucha por la hegemonía cuyo centro de disputa se traslada de las esferas gubernamentales y de la opinión pública, hacia el interior de los movimientos sociales y políticos de tendencias democráticas y de izquierda.
A inicios de los noventa los escenarios privilegiados para imponer la hegemonía del proyecto de libre mercado y globalización eran los grandes medios de comunicación, en la perspectiva de generar una opinión pública que hiciera suyos los postulados de la sociedad de mercado y la adscripción ciega a los dictados de los organismos transnacionales; y las esferas gubernamentales, donde la nueva tecnocracia yuppie, formada en las universidades de Estados Unidos, era la encargada de ejecutar el consenso de Washington; recordemos en Ecuador los tiempos de Dahik y Mahuad.
La debacle de los gobiernos que surgieron en estas épocas y las consecuencias de mayor pobreza y exclusión a lo largo del continente, cambiaron ese escenario. Hoy el centro está en las posibilidades o no de construir proyectos sociales y políticos distintos en el seno del campo popular.
Los de arriba, las esferas del poder, están en crisis, pero los de abajo, las esferas de los explotados y excluidos, ¿estarán en condiciones de revertir el proceso?. Los vientos soplan a favor de los segundos, pero eso no es suficiente.
Las experiencias de este año 2003 parecen mostrar la magnitud de los nuevos desafíos y reclaman de nuevas agendas del debate.
El gobierno de Lula tiene un rostro hacia el exterior y otro hacia el interior: hacia fuera impulsa una interesante iniciativa de revitalización de los no-alineados en base a un eje Brasil-India-Sudáfrica, el llamado G-20 que salió de las cenizas de Cancún, así como una consolidación de una posición regional diversa al ALCA; pero hacia el interior se alinea con la burguesía paulista, como lo evidenciaron las huelgas de los obreros metalúrgicos y las protestas del movimiento de los sin tierra.
En Ecuador quedó claro las limitaciones del proyecto indígena en torno a las reivindicaciones de plurinacionalidad y multiculturalidad. Ellas fueron claves para generar el gran movimiento social y político de fines de los noventa e inicios del dos mil, pero son insuficientes para constituir un proyecto político con el conjunto de clases explotadas y oprimidas. No alcanza con decir: “haremos todo lo opuesto a Mahuad”, es insuficiente tener un listado de “no”, no hacer esto, no hacer lo otro. Es importante, pero insuficiente, los proyectos de reconocimiento de los espacios políticos y gobiernos locales para los pueblos indígenas. Y en una propuesta de futuro es clave un claro programa económico y la predisposición a cumplirlo. La política rebasa los espacios de las habilidades y audacias de los corrillos parlamentarios y gremiales.
Bolivia desde las entrañas del continente volvió a recordar el rol de los pueblos originarios, pero también la potencia de la indignación de los pobres. Colombia mostró las flaquezas del nuevo paladín del imperio, aquel que se ufanaba de un supuesto apoyo masivo a su política represiva y la expansión de la guerra a toda la región, no alcanzó a completar el 25% del favor del electorado para un listado de medidas neoliberales, y con su derrota arrastró la definitiva quiebra del bipartidismo colombiano, que venia bastante maltrecho desde años atrás.
El hegemón, la esencia de la dirección, está en la legitimación del dominio global de la sociedad de mercado, la expansión del antiestatismo, el ceder la soberanía a la imposición de las leyes de la oferta y demanda, el incremento de la tasa de ganancia a costa de la destrucción de los seres humanos y la naturaleza, la idolatría a la tecnología y las mercancías.
La lucha por la hegemonía está en la definición de los espacios y orientaciones de estas nuevas revueltas populares, “las revueltas del alba”. En el marco de la globalización existe una propuesta para el rol de los movimientos populares, en su esquema estos deben funcionalizarse. Al otro lado de la orilla se viene configurando, en unos espacios con rapidez (cuando de armar la pelea, se trata), y en otros con lentitud (cuando de construir unidades de largo plazo y proyectos políticos conjuntos, se trata), una propuesta actual y aplicable, desde los sectores de explotados y excluidos.
Esa propuesta de la globalización para los movimientos populares en la América Latina del 2003 es una versión remozada de la aplicada para la socialdemocracia europea a mediados de los noventa, y se llama: tercera vía; aquí adocenada con las medidas de reconocimiento a la diversidad étnica y programaciones focalizadas contra la extrema pobreza.
La propuesta actual de los movimientos populares y de izquierda atraviesa por el reconocimiento de los escenarios que impone una sociedad de mercado mundializada, la fragmentación de los estado-nación, la nueva configuración de las clases y capas sociales de explotados y excluidos, y retomar en este nuevo contexto la articulación y prioridad de la dualidad reforma - revolución. Porque está claro que el espacio actual para una propuesta de reforma sin proyecto estratégico es absorbido y refuncionalizado por las redes del poder transnacional.

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Francisco Hidalgo Flor é sociólogo e diretor da revista equatoriana Espacios.
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