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LOS VARONES FRENTE AL CAMBIO DE LAS MUJERES
En este fin de siglo las mujeres, en su lucha por la igualdad,
están cambiando su relación con el mundo y consigo mismas.
El cuestionamiento de la hegemonía del poder masculino y el fortalecimiento
de sus derechos como personas/ciudadanas son parte de esta lucha, que desafía
los modelos tradicionales de relación entre mujeres y varones.
No cabe duda que los varones son conscientes de este desafío. Pero,
¿están reaccionando? ¿Cómo? ¿Qué
posición están adoptando frente a las nuevas mujeres? Ante
los cambios de las mujeres, ¿ellos a su vez están cambiando?
Y si lo están haciendo, ¿en qué dirección? ¿Cuáles
son las tendencias dominantes de cambio en los varones en el mundo actual?
¿Cuáles serían las reacciones y cambios deseables en
ellos y según qué criterios? ¿Existen modos de estimular
dichos cambios? En las siguientes líneas trataré de dar algunas
respuestas a estas preguntas, centrándome para ello en lo que sucede
con los varones del mundo occidental desarrollado.
No es la primera vez en la historia que, frente al cambio de las mujeres,
los varones individual y socialmente se han visto afectados, pero nunca hasta
hoy lo han sido de un modo tan general. Este cambio está generando
modificaciones tan globales en las relaciones que ningún varón
puede permanecer neutral, ya que al modificarse tan radicalmente el lugar
asignado a la mujer en la cultura, esto no puede sino provocar complementariamente
un cuestionamiento del propio lugar del varón en el mundo, ante las
mujeres, ante los otros varones y ante sí mismo.
Uno de los modos con los que se suele describir esta situación masculina
es decir que los varones se encuentran en una crisis de identidad. Sin embargo,
esta definición no se ciñe a la realidad, ya que las preguntas
de quien siente su identidad en crisis (¿quién soy?, ¿de
dónde vengo?, ¿adónde voy?) no son planteadas por la
mayoría de los varones. Lo que sí es verdad es que actualmente
hay una gran crisis, pero de legitimación del modelo social de masculinidad
tradicional. Dicha crisis quita validación a muchas "verdades" masculinas,
entre ellas la de la "naturalidad" de la subordinación de la mujer,
lo que genera no una crisis pero sí inquietud y desconcierto a muchos
varones.
Ahora bien, ¿cómo podemos saber -más allá de
los datos de nuestras encuestas cotidianas- cómo afectan realmente
a los varones los cambios de las mujeres, sus luchas por la igualdad de derechos
y la creciente deslegitimación del modelo masculino tradicional?
Existen pocas investigaciones que se ocupan de esta cuestión. Pero
si a sus conclusiones agregamos la información que surge de analizar
las acciones producidas en los últimos diez años por los movimientos
y luchas sociales que tienen a la masculinidad y la posición de los
varones como tema principal, algunas de nuestras preguntas iniciales quizás
pueden comenzar a ser contestadas.
Los varones frente a los cambios femeninos
En el mundo latino y anglosajón existen pocos estudios que investiguen
específicamente el impacto que tienen los cambios de las mujeres en
el comportamiento masculino. En España se han realizado en los últimos
diez años sólo tres investigaciones, que por su jerarquía
tomaremos como referencia.2 Dichas investigaciones nos muestran diferentes
tipos de respuestas masculinas al cambio femenino y también -como
representante de ese cambio- al feminismo, que son producidas por tres categorías
de varones:
LOS CONTRARIOS A LOS CAMBIOS DE LAS MUJERES
Se encuentran más frecuentemente entre los mayores de 55 años
(y también entre los menores de 21 años), o entre aquéllos
con estudios medios, relacionados con mujeres que sólo realizan tareas
domésticas, afectados por el desempleo, trabajadores no cualificados
y que viven en ciudades pequeñas. Tienen un discurso androcéntrico,
machista o paternalista. Reconocen que las mujeres son más autosuficientes
en la actualidad, pero lo valoran únicamente si ellas no les reclaman
más igualdad. Si ellas lo hacen, suelen reaccionar con ira, alejándose
en actitud victimista o actuando con diversos grados de violencia para "ponerlas
en su lugar", ya que ellas "atacan" los roles genéricos establecidos.
Son habitualmente antifeministas, descalificadores o desconocedores de las
reivindicaciones femeninas. Suelen entender la lucha de las mujeres no como
esfuerzo hacia la igualdad sino como intentos de éstas para dominar
a los varones.
LOS FAVORABLES A LOS CAMBIOS DE LAS MUJERES
Son en general jóvenes, de estudios superiores, solteros, sin hijos,
relacionados con mujeres que trabajan en el ámbito público
y que viven en ciudades grandes. Muchos de ellos se reconocen confusos por
la falta de modelos masculinos de referencia que les resulten atractivos.
Algunos no cuestionan su propio rol: entre ellos algunos son utilitarios
ya que se benefician de los cambios de las mujeres (por ejemplo que ella trabaje
e ingrese dinero) sin ofrecer nada a cambio. Y otros son igualitarios unidireccionales
que aceptan que las mujeres asuman "funciones masculinas" pero no a la inversa,
por lo que en la práctica son desigualitarios porque sobrecargan a
las mujeres al no compartir. Otros pocos cuestionan su propio rol: algunos
son compañeros, atentos a cambiar para permitir una convivencia igualitaria.
Y otros, en aumento, son acompañantes pasivos que delegan la iniciativa
en las mujeres, provocando una inversión de los roles tradicionales
donde él no asume casi ningún comportamiento "masculino". Muchos
de estos varones se definen como profeministas aunque lo son mucho más
a nivel ideativo que práctico, creyendo mayoritariamente que la lucha
por la igualdad la deben afrontar sólo las mujeres.
LOS AMBIVALENTES FRENTE AL CAMBIO DE LAS MUJERES
Predominan entre los que están alrededor de los 45 años, algunos
en pareja con mujeres que trabajan en el ámbito público, y
con hijos. En algunos predomina el acuerdo y en otros el desacuerdo con los
cambios de las mujeres, por lo cual en asuntos muy determinados (lo doméstico
o el dinero, por ejemplo) se pueden transformar en uno u otro de los varones
de las categorías anteriores. Son los más quejosos, porque
se sienten desorientados, incomprendidos y desconcertados por los cambios
de las mujeres a quienes ya no pueden (ni muchas veces desean) controlar.
Viven los cambios femeninos como una pérdida de rol, reaccionando
más con aislamiento o resistencia pasiva que con violencia. Muchos
son resignados-fatalistas que aceptan, no sin cierto disgusto, que las mujeres
seguirán cambiando mal que les pese a los varones, e intentan acomodarse
como pueden. Otros entran en crisis y a veces solicitan psicoterapia (generalmente
a iniciativa de sus parejas). Casi todos se sienten cansados de las reivindicaciones
femeninas, de lo que se les exige asumir y cambiar, de que no se valoren
sus esfuerzos de adaptación, de no ver cuándo terminarán
los reclamos. Temerosos de que las mujeres "les ganen" en varios campos,
la mayoría creen que deben cambiar, pero se resisten a tomar iniciativas
porque lo viven como pérdida de privilegios y comodidades. Algunos
exageran sobre sus cambios y esperan grandes aplausos por "sus sacrificios",
pero todos están convencidos que los cambios de las mujeres son imparables.
Como solución de compromiso, es frecuente que se comporten de un modo
restrictivo, pragmático-acomodaticio en su comportamiento, pero vacío
de contenido reflexivo. Acuerdan más intelectualmente que vivencialmente
con la igualdad. Algunos permanecen con fuertes ideas machistas, pero por
mala conciencia no se animan a manifestarse. Otros son profeministas. Algunos
siempre han sido antifeministas y otros son ex profeministas que han abandonado
su apoyo al feminismo por sentirse atacados e incomprendidos por los reclamos
de las mujeres.
Estas tres categorías están representadas por tercios entre
los varones españoles. En los últimos años se está
produciendo un lento aumento de los varones favorables a los cambios de las
mujeres y ello se produce entre aquéllos menos apegados al modelo
masculino tradicional. Sin embargo, también están aumentando
los contrarios a dichos cambios en los menores de 21 años y en los
parados (estos varones suelen ver a las mujeres como muy capaces y como más
directas competidoras en el mundo estudiantil-laboral).3
Los movimientos de varones4
En los últimos 20 años se está impulsando, por parte
de los varones de varios países occidentales desarrollados (especialmente
los escandinavos, EEUU, UK, Australia y Canadá), una serie de actividades
organizadas, luchas y reivindicaciones que tienen a la masculinidad como
tema principal, y a las que se ha dado en llamar "movimientos".
Ninguno de ellos considera a la masculinidad como algo garantizado y natural,
sino algo a transformar o conservar, algo que hay que defender o por lo que
hay que luchar. Todos intentan dar respuesta a la pregunta ¿qué
es ser un hombre hoy? Y todos también, directa o indirectamente, intentan
ser una respuesta -grupal en este caso- al desafío que suponen los
avances y cambios de las mujeres y el feminismo.
Dichas prácticas sociales se están desarrollando en el terreno
sociopolítico, asociacionista, académico, asistencial y educativo,
y se divulgan con fuerza a través de los medios de comunicación
y publicaciones en algunos países, utilizando especialmente Internet
como modo global de difusión.
Estos movimientos son casi inexistentes en España, aunque algunos
están teniendo una moderada penetración mediática y editorial.
Los pocos grupos y actividades que están apareciendo en este país,
lo están haciendo de manera muy mimética al modo y con las
ideas con los que estos movimientos surgieron en sus países de origen.
De acuerdo a sus diversas concepciones y abordajes respecto a la masculinidad,
se pueden diferenciar actualmente cinco movimientos de varones:
EL MOVIMIENTO PROFEMINISTA, O ANTISEXISTA
Casi desconocido en España, surgió en los países anglosajones
y escandinavos a principios de los 70, asociado a los movimientos por los
derechos civiles. Constituido por varones generalmente de sectores medios,
afines a las ciencias sociales y educativas, favorables a los cambios de
las mujeres y que se nutren de las ideas del feminismo de la igualdad.
Acusados por otros varones de promover la cultura del varón "blando"
y observados con desconfianza por algunas feministas radicales, quienes participan
en este movimiento reconocen la responsabilidad masculina en el mantenimiento
de la subordinación social de las mujeres y ejercen una autocrítica
sobre el propio ejercicio del poder. Rechazan el modelo masculino dominante,
el sometimiento acrítico al corporativismo viril y la homofobia, y
proponen el activismo social, la investigación académica y
la formación de grupos de reflexión de varones para desconstruir
el ideal de masculinidad tradicional, romper la complicidad masculina antisexista
y practicar la igualdad con las mujeres.
Desde sus comienzos, gran parte de la actividad de este movimiento se ha
centrado en la generación de estrategias contra la violencia hacia
las mujeres y de estrategias educativo/asistenciales para el cambio de la
masculinidad violenta, así como en el apoyo a las políticas
antirracistas y pro-derechos de las personas homosexuales.
Intentar producir cambios en los varones hacia la igualdad y hacia modelos
masculinos pacíficos y antisexistas, sigue siendo su objetivo principal.
En este movimiento se encuentran numerosas asociaciones y grupos5 -algunos
conocidos por sus siglas-, entre los que podemos mencionar a: NOMAS en EEUU,
Achilles Heel en UK, IASOM en Noruega, XY en Australia, Men for Change en
Canadá, la Red Europea de Varones Profeministas, Les Traboules en
Francia, Pfefferprinz en Alemania, Les hommes barrès en Suiza, Uomini
contra la Violenza en Italia, Cantera en Nicaragua y CORIAC en México.
En España, el Grupo de Hombres de Sevilla y el Centro de Estudios
de la Condición Masculina de Madrid son representativos de este movimiento.
En este año, varios de estos grupos están promoviendo mundialmente
la White Ribbon Campaign contra la violencia hacia las mujeres. La mayoría
de estas agrupaciones se encuentran en los paises anglófonos y escandinavos.
En hispanoamérica se están constituyendo recientemente, y se
centran sobre todo en la lucha contra la violencia machista y los problemas
de la sexualidad y la salud reproductiva. Los grupos francófonos y
centroeuropeos también están aumentando lentamente, y están
constituidos mayoritariamente por varones de movimientos patriarcales y ecológicos.
En el ámbito académico, este movimiento tiene su inserción
a través de los estudios críticos sobre los varones y las masculinidades
-los "men's studies"-, que incorporan la categoría de género
en su marco referencial, y se desarrollan sobre todo en las facultades de
sociología, antropología, historia y filología. Nutren
dichos estudios numerosas investigaciones sobre la historia, las diferencias
culturales y los cambios sociales de las masculinidades, así como
sobre las temáticas del poder, la sexualidad, las nuevas paternidades,
la construcción de la subjetividad, la violencia, la salud, y las políticas
de cambio para los varones. (Hearns, 1989; Weltzer-Lang, 1991; Kimmel, 1992;
Kaufman, 1992; Seidler, 1992; Connell, 1995; Bourdieu, 1998).
En el ámbito educativo, quienes participan del movimiento se han dedicado
sobre todo al desarrollo de programas de educación para transformar
los estereotipos masculinos (Salisbury, Jackson, 1996).
En España, J.V. Marqués ha sido un pionero en esta línea.
De la variada producción escrita de este movimiento, en nuestro país
no existe prácticamente nada, ni producido aquí, ni traducido
al castellano.6
EL MOVIMIENTO MITOPOÉTICO
Surge en EEUU a finales de los años 80 asociado a la etapa conservadora
de Reagan y a la aparición en la sociedad anglosajona de reacciones
de rechazo al avance de los 70 en las luchas de las mujeres por la igualdad.
Liderado por el poeta Robert Bly (Bly,1990), este movimiento está
formado principalmente por varones blancos heterosexuales, de clase media,
frustrados por la falta de éxito laboral para el que estaban socializados.
Algunos de ellos están abiertos al ecologismo y a las ideas de la
New Age.
En este movimiento, que tiene un alto componente espiritualista, el estudio
de los mitos, los ritos de iniciación masculina y la figura del mentor
adquieren un gran relieve. Gran parte de sus actividades derivan de propiciar
un trabajo introspectivo para reencontrar, según sus postulados, "la
energía masculina" en estos tiempos de "ausencia del padre", "poderío
de la madre" y "feminización de los varones". Dichas actividades son
realizadas principalmente a través de grupos de fin de semana, los
que han nucleado a miles de varones en los últimos 10 años.
Quienes pertenecen al movimiento no se oponen a los cambios de las mujeres,
pero tampoco los aplauden, recelando frecuentemente de ellas, a quienes se
ve como "poderosas" y peligrosas. Cercanos en sus ideas a las perspectivas
feministas de la diferencia, no se ocupan de los problemas de las desigualdades,
avalan muchos aspectos de los roles tradicionales y están, en general,
alejados de los ambientes académicos.
EL MOVIMIENTO DE LAS TERAPIAS DE LA MASCULINIDAD
Desarrollado a partir de los años 80 por varones preocupados por la
"crisis" de la masculinidad, se fue estructurando alrededor de multitud de
teorías y prácticas psicológicas utilizadas para apoyar
a los integrantes del colectivo masculino en la "reconstrucción" o
"redefinición" de su identidad "dañada" por los cambios sociales
y femeninos.
Expresa en la vertiente psicoterapéutica a los dos movimientos anteriores,
y por ello en él hay dos corrientes que trabajan ambas sobre el aislamiento
y el encierro emocional de los varones, aunque de modo muy diferenciado.
La primera corriente, la más conocida y con mayores seguidores, está
especialmente influenciada por las ideas de Bly, Jung y Perls sobre los arquetipos,
el psiquismo masculino, las razones de su sufrimiento y los caminos del cambio.
Su trabajo se centra en abordar y disminuir los "perjuicios" del rol masculino,
"cicatrizar las heridas de la masculinidad" y reasegurar la alicaída
autoestima masculina. No tiene demasiado en cuenta a las mujeres (excepto
como Diosa o Madre), pero valora lo "femenino", aspecto que los varones deberían
incorporar para ser más plenos.
Esta corriente y el movimiento mitopoético del que proviene son mayoritarios
en los ambientes no académicos. Es también la que ha producido
mayores publicaciones de terapias de autoayuda para varones, y de "comprensión
del comportamiento masculino" para mujeres. Estos géneros han tenido
a principios de los noventa un gran boom editorial en los países anglosajones
(Bly, 1990; Fisher, 1990; Kipnis, 1991; Moore y Gilette, 1991; Shapiro, 1992;
Kreimer, 1994).
Casi todos los libros que circulan en lengua castellana por España
-ya sea autores iberoamericanos o traducidos del inglés- pertenecen
únicamente a esta corriente y al movimiento mitopoético, y
han sido difundidos por importantes editoras comerciales. Por ello, muchas
personas que son sólo hispanohablantes han llegado a creer que lo
que en ellos está escrito es lo único que se piensa, se dice
y se hace en relación a la cuestión masculina y al posicionamiento
de los varones ante las mujeres.
La segunda corriente, menos conocida, está impregnada de la perspectiva
de género y de las ideas posfreudianas de la importancia de la fase
preedípica en la constitución de la masculinidad. Su trabajo
se centra en las dificultades de los varones para renunciar a los "beneficios"
abusivos del rol masculino, en transformar la violencia (contra las mujeres
y contra sí mismos), en eliminar la homofobia y en reconsiderar el
sentimiento de baja autoestima masculina (producido frecuentemente por la
impotencia de no poder ser "un hombre de verdad"). Tienen en cuenta a las
mujeres y los malestares que les provoca el poder y la dominación
masculina.
Quienes trabajan en esta corriente, así como sus publicaciones, son
minoritarios en el movimiento de las terapias de la masculinidad (Scher,
1987; Bograd, 1992, Kupers, 1993). Sin embargo tienen presencia institucional
(por ejemplo en la Asociación Americana de Psicología) y participan
en el sistema sanitario anglosajón y francés a través
de sus programas terapéuticos para varones maltratadores.
Si bien estas dos corrientes son casi antitéticas, varias personas
y grupos, intentan articulaciones entre ellas. Entre ellos: las Asociaciones
por el desarrollo de la paternidad -Fatherhood's groups- o algunos terapeutas
anglosajones (Goldberg, 1977; Keen, 1991; Rowan, 1997).
EL MOVIMIENTO POR LOS DERECHOS DE LOS HOMBRES O "MEN'S RIGHTS"
Se entremezclan aquí varones defensores de derechos patriarcales con
varones defensores de derechos igualitarios, que comenzaron a agruparse a
partir de fines de los años 80, alertados por lo que consideraban
el aumento de situaciones sociales favorables a las mujeres y adversas hacia
ellos.
Algunos grupos que conforman este movimiento están integrados por
quienes dicen que "las mujeres han ido demasiado lejos" discriminándolos
en sus avances, y que las leyes actuales generan situaciones que los desfavorecen
(hacer la mili, jubilarse más tarde que las mujeres, no ser beneficiarios
de planes de acción positiva como ellas, etc.). Por ello se oponen
a algunos avances femeninos y a los actuales planes de igualdad, porque dejan
de lado o van contra los "derechos masculinos". Nombres como FREE o NCFM
en EEUU, o Forza hommes en Cataluña, representan esta corriente, en
la que algunos de sus líderes -tales como W. Farrell- son ex profeministas
de los años 70. Están habitualmente en contra del feminismo
de la igualdad.
Otros grupos de este movimiento están formados por varones que se
centran en llamar la atención sobre sus derechos descuidados por las
leyes, sin confrontar con el colectivo femenino (por ejemplo, luchando por
el estudio de las enfermedades masculinas, contra la circuncisión,
o por la insumisión al servicio militar). Estos grupos pueden estar
a favor de las luchas y avances de las mujeres.
Finalmente, dentro del movimiento tienen gran importancia -tanto que actualmente
son su principal representante- los grupos por los derechos de los padres
("father's rights"). Están constituidos por varones padres divorciados
o separados de parejas de hecho, que reclaman contra los obstáculos
legales que limitan el ejercicio de su paternidad, especialmente contra la
mayor consideración de las leyes de familia para con la madre y el
balance a favor de ellas en las leyes de custodia. En estos grupos hay tanto
varones antifeministas como profeministas.7
En el mundo desarrollado, así como en España, este movimiento
de los "men's rights" es el que más ha incrementado en los últimos
cinco años los grupos, asociaciones y federaciones que lo componen,
así como su activismo social, desplazando al mitopoético, hegemónico
a principios de los 90.
FUNDAMENTALISMO MASCULINO
Formado por varones tradicionalistas, principalmente casados, que defienden
los lugares del varón como padre-autoridad y proveedor y el de la
mujer como madre/ama de casa, así como los valores masculinos dominantes.
Participan de las ideas de la derecha radical norteamericana y europea y
se oponen a los cambios de las mujeres que pongan en peligro la distribución
tradicional del poder entre mujeres y varones y los roles tradicionales.
Aunque no se autoproclaman como fundamentalistas, esa es la ideología
que agrupa a los integrantes el movimiento.
Rechaza el feminismo de la igualdad, acepta con reservas al feminismo de
la diferencia, aplaudiendo su valoración de la madre y ha sido protagonista
fundamental del llamado "backlash" (Faludi, 1991).
Ha incrementado en los últimos cinco años su actividad contra
los avances de las mujeres, a través de la creación de grupos
antiabortistas o de "defensa del macho". De gran desarrollo en EEUU, grupos
tales como Promise Keepers o la Coalición Cristiana han protagonizando
manifestaciones multitudinarias en muchas ciudades de ese país en
los últimos dos años. (El mundo oriental tiene su propia versión
de este movimiento, hecho práctica de Estado, tal como pasa en Afganistán
y otros países islámicos).
Podemos incluir también aquí a una serie de prácticas
sociales, que si bien no están conformadas para defender específicamente
a los varones, promueven los aspectos violentos de la masculinidad dominante.
Actividades tales como ciertos lobbies (de armas, militaristas) o ciertos
grupos (jóvenes ultras, neonazis, bandas callejeras violentas, etc.),
que fomentan el uso de la violencia, la que al final, en el mundo actual,
siempre se ejerce del modo más brutal contra las mujeres y niñas/os
y no sobre los propios varones.
Los varones en movimiento y cambio
Creo que la información precedente nos muestra un cuadro bastante
abarcativo de lo que está pasando, ante el cambio de las mujeres,
con los varones del mundo desarrollado del fin de milenio. De este panorama
quiero destacar al menos dos hechos significativos:
El primero es que los varones a los que nos referimos se están agrupando
-individual y socialmente- en algunas pocas posiciones en relación
al cambio de las mujeres:
* La posición a favor del cambio, con una propuesta de trato igualitario,
que supone entender que también los varones deben realizar cambios.
* La posición a favor del cambio, pero con aceptación utilitarista
o delegando en las mujeres toda iniciativa e invirtiendo los roles tradicionales.
* La posición a favor o de indiferencia ante el cambio, mientras dichos
cambios femeninos no cuestionen derechos masculinos o roles adquiridos, ni
les creen a ellos demasiadas contradicciones.
* La posición en contra de dichos cambios, puesto que atentan contra
"la natural" relación entre mujeres y varones.
Estas mismas posiciones permiten apreciar también las relaciones de
los varones con el feminismo (de la igualdad). Así, existen varones
y grupos de varones profeministas (en general más desde el apoyo intelectual),
aceptadores o indiferentes "con reservas" del feminismo, y antifeministas.
El feminismo de la diferencia habitualmente no ha producido reacciones en
los varones en tanto no los cuestiona directamente (Porter, 1992).
Cada varón no necesariamente permanece siempre en la misma posición,
sino que circula dinámicamente por ellas, variando su pertenencia
según su edad, sus situaciones personales y su grado de conciencia
de la justicia entre géneros. Cabe agregar que según muestra
la experiencia clínica con varones, dichas posiciones están
también contradictoriamente luchando dentro de cada uno de ellos (Sher,
1987).
La segunda comprobación es que, desde una perspectiva relacional,
cada varón -o grupo de varones- realiza, ante las mujeres, acciones
específicas, diferenciadas y coherentes con su adscripción
a una determinada posición de las antedichas. Estas acciones son movimientos
vitales que se producen en varias direcciones dentro de los ejes acercamiento/alejamiento,
reconocimiento/rechazo y dominación/subordinación.
Según la posición asumida estos movimientos son:
* acercamiento y reconocimiento con intercambio cooperativo desde una óptica
igualitaria de búsqueda de bienestar compartido;
* acercamiento y reconocimiento parcial con intercambio utilitario, o desconfiado
frente al "poder" femenino;
* acercamiento y reconocimiento con pasivización masculina;
* alejamiento con separatismo, y aislamiento o refugio en el mundo masculino
y en la búsqueda del bienestar individual;
* rechazo, confrontación y tentativa de subordinación.
Si observamos estas dos comprobaciones desde una ética de la justicia
y el respeto de género, nos podemos hacer numerosas preguntas.
La primera: ¿Son todas estas respuestas de los varones dignas de igual
valoración? La respuesta es que no. Solamente la primera posición
y su movimiento correspondiente son valorables, en tanto se sostienen en
el paradigma de la igualdad. Son una posición innovadora y un movimiento
de cambio progresista y deseable sostenidos por la esperanza de que la relación
entre sujetos iguales reemplace a los vínculos varón sujeto/mujer
objeto propios de la cultura patriarcal. Las otras respuestas, en cambio,
se sustentan en las creencias tradicionales sobre las desigualdades en el
vínculo entre los géneros, y por tanto son posiciones conservadoras
y movimientos de cambio retrógrado, rechazables y no deseables.
Dicho esto, nos surge una segunda pregunta: ¿Por qué tan pocos
varones cambian de un modo progresista? ¿Por qué, pese a que
incluso muchos de ellos proclaman verbalmente el valor de la igualdad, son
tan pocos los que desean, o se animan a adoptar posiciones innovadoras y
a emprender una marcha hacia la igualdad? Los estudios de género aplicados
a las investigaciones sobre la construcción de la masculinidad social
y la subjetividad masculina quizás nos pueden dar algunas claves para
encontrar una respuesta.
Pensar a los varones desde la óptica de género supone entender
que el lugar social del varón está sustentado en los milenarios
y patriarcales mitos complementarios de la superioridad masculina y la disponibilidad
femenina. Estos mitos, que funcionan como ideales y mandatos sociales, conceden
a los varones, por el hecho de serlo, mayores derechos que a las mujeres
a imponer sus razones, a la libertad, al uso del espacio-tiempo y a ser sujeto
de cuidados. No sólo eso: dichos mitos son los ideales-matrices sobre
los que se conforman los hábitos de pensamiento y comportamiento,
la identidad y la autoestima masculina. Ellos legitiman la dominación
masculina, e internalizados hacen creerse a los varones que "ser y sentirse
varón" es tener derecho a ejercer poder y control sobre las mujeres.
La igualdad real con las mujeres en todos los ámbitos es un nuevo
ideal que aún no tiene demasiado espacio entre los componentes que
dan forma a la masculinidad, por lo que los varones tienden a sentir que
con ellas hay sólo dos lugares: dominante o subordinado; por eso ellos
tienden a vivir cualquier avance de la mujer como intento de dominación
femenina (Benjamin, 1996; Bonino, 1998).
Por todo esto, aceptar a la mujer como igual no es tarea fácil para
los varones. Cambiar hacia la igualdad supone un tremendo esfuerzo: no sólo
renunciar a derechos adquiridos, sino poner en cuestión sus propios
hábitos, su propia identidad, su imagen de la mujer y la base de su
sentido de autoestima. Significa modificar comportamientos, pero también
la propia mente para aceptar la igualdad con la mujer y no verla sólo
como amenazante o subordinada. Cambiar es transformar, dentro de sí
y en lo social, los mitos masculinos patriarcales que actúan como poderosas
resistencias al cambio e incorporar nuevos ideales. Tarea difícil,
pero que desde una ética de género es el único modo
de innovar y no quedar atrapado entre el mortífero inmovilismo, la
nostalgia del machismo perdido o el victimismo del varón domado.
Otros factores se agregan para hacer difícil el movimiento de cambio
innovador de los varones: la falta de modelos de masculinidad no tradicional,
el aislamiento de los varones aliados a las mujeres, la censura al transgresor
del modelo tradicional. Por ello no sorprende que el movimiento de cambio
no sea mayoritario, ni promovido desde ellos, sino en general "forzado" desde
el exterior.
Indudablemente, como hemos visto, a pesar de los obstáculos existen
varones que están reaccionando de modo favorable hacia el cambio de
las mujeres y moviéndose hacia la igualdad. Pero también es
cierto que ante los avances femeninos en estos últimos años,
gran número de varones occidentales se están sumando a los
movimientos de lucha contra las mujeres y el feminismo. ¿Cual será
la tendencia futura? Aunque es difícil preverlo, sabiendo que el futuro
de igualdad no está garantizado sino que hay que construirlo, nos
surgen unas últimas preguntas. ¿Cómo crear motivación
en los varones para un movimiento de cambio hacia la igualdad con las mujeres?
¿Cómo generar condiciones que promuevan su interés y
neutralicen el temor a la pérdida que para muchos de ellos significa
el cambio? ¿Cómo apoyar a los que ya están cambiando
para que sigan avanzando sin romper su alianza con las mujeres? ¿Cómo
hacerles comprender la importancia del modelo democrático, no sólo
en lo público sino también en lo doméstico? ¿Cómo
no encasillarse en el pasado? ¿Cómo contribuir a desactivar
los movimientos de varones conservadores de la vieja masculinidad?
Quizás aún no existen muchas respuestas para estas preguntas,
pero algo es seguro: lo posible de realizar no podrá salir desde voluntarismos
y cambios individuales. Será necesario el desarrollo de estrategias
grupales y sociales que motiven a los varones y les permitan crear o desarrollar
deseos de cambio para la igualdad. Y para ello, el modo óptimo debería
ser el diseño de políticas que estimulen esos deseos y apoyen
la producción y la promoción del cambio masculino.
Por suerte, algo de esto ya se está haciendo, sobre todo en la Unión
Europea. En algunos países se están poniendo en marcha estímulos
tales como la flexibilización laboral para compatibilizar vida familiar
y laboral, las estrategias para aumentar la implicación de los varones
en el cuidado de las personas y en lo doméstico,8 la promoción
del permiso por paternidad,9 las estrategias asistenciales-educativas para
una cultura masculina de la no violencia y la tolerancia,10 los centros de
asistencia psicológica a varones en crisis.11 También son necesarias
otras acciones como la jerarquización mediática de ideales
y modelos masculinos no tradicionales, el desarrollo y difusión de
los estudios críticos del varón y el capítulo masculino
de los estudios de género, el entrenamiento de profesionales de la
salud, derecho y educación sobre las particularidades del psiquismo
y los comportamientos masculinos, y la promoción del asociacionismo
y la salida del silencio de los varones igualitarios.
Finalmente, es imprescindible ofrecer espacios tales como grupos de reflexión,
cursos y jornadas sobre la condición masculina, donde los varones
puedan explorar nuevos roles, sus sentimientos contradictorios hacia las
mujeres, sus dificultades para el cambio y desarrollar su capacidad empática
y cuidadora. Y donde puedan desactivar la idea que la lucha por la igualdad
deben protagonizarla sólo las mujeres, como si los varones fueran ajenos
a ese problema.
Según numerosos estudios (Hearns, 1992; Seidler, 1997), los varones
parecen más proclives al cambio innovador en determinados momentos
críticos de transición vital: adolescencia, nacimiento del
primer hijo, crisis de los 30, 40 ó 50, cambios en lo laboral, enfermedades
o accidentes que ponen en juego la vida, y separaciones. Teniendo esto en
cuenta, las políticas de estímulo y promoción del cambio
deberían apuntar a incidir en esos momentos.
El cambio es posible y las políticas pueden generar condiciones para
ello, pero nada podrá hacerse si no existe, en última instancia,
la disposición para el cambio en los mismos varones, el deseo de tomar
iniciativas para construir vínculos más igualitarios y justos
con las mujeres y no sólo "adaptándose" pasivamente a ellas.
Y para concluir: como hemos visto, los cambios culturales y la lucha de
las mujeres, junto a los estímulos políticos-sociales y la
voluntad individual y grupal de muchos varones, están generando cambios
en dirección hacia el trato igualitario en algunos integrantes del
colectivo masculino. Ellos están comenzando a ser disidentes de la
masculinidad dominante y a considerar realmente a las mujeres como sujetos
de iguales derechos, con quienes se puede/se debe compartir las responsabilidades
domésticas, el trabajo y el poder. Ahora bien, ¿tienen algo
en común estos varones que podríamos designar con el nombre
de igualitarios?
En la bibliografía anglosajona comienzan a aparecer textos que se
ocupan de estos varones. Uno, muy revelador (Christian, 1994), nos puede
servir para cerrar este artículo brindándonos un perfil de
las prácticas de vida que generan en los varones un ejercicio de la
igualdad.
En este libro se describe con gran claridad las experiencias vitales que
el autor ha descubierto como comunes a estos varones igualitarios y que han
influido significativamente en su comportamiento igualitario. Ellas son:
En primer lugar, experiencias significativas en la infancia y adolescencia
alejadas o en colisión con las expectativas tradicionales sobre los
géneros, tales como: buena relación con madre autónoma
que trabaja en el ámbito público, padres no tradicionales,
rebeldía ante padre autoritario, o padre y hermanos mayores cuidadores
y afectuosos, falta o dificultad precoz de identificación con los
aspectos agresivos del rol viril tradicional, escolaridad mixta y amistades
femeninas habituales. Y también experiencias adversas siendo víctima
de actitudes dominantes de otros varones (parientes, vecinos y educadores).
En segundo lugar, experiencias adultas significativas tales como el rechazo
a un padre autoritario, el "ser todo un hombre" no aparece como un ideal
de vida importante, experiencias en trabajos convencionalmente "no masculinos"
y en grupos de desarrollo personal, e influenciado por varones no tradicionales.
Y de modo destacado: el acercamiento intelectual precoz al feminismo, junto
a relaciones afectivas importantes -presentes o pasadas- con mujeres feministas.
Finalmente, estos varones realizaron muchas decisiones de cambios personales
en relación a redefinir su masculinidad hacia la igualdad en momentos
críticos de transición vital (ver más arriba).
Probablemente, si nuestra vida (como varones) está atravesada por
experiencias similares, algo más fácil nos resultará
el cambio. Pero si estas experiencias nos han faltado, nunca es tarde para
acercarse a ellas. Vale la pena.
Madrid, noviembre de 1998
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al castellano en 1996, Bogotá: Indigo)
REFERENCIAS:
1) Prefiero utilizar el término "varones" pues nombra
más específicamente que el término "hombres" a los integrantes
del colectivo masculino. Este último es más equívoco,
porque en el lenguaje coloquial (sexista) de muchas personas designa también
a los integrantes del género humano.
2) Dos de estas investigaciones: Los hombres españoles (Inner, 1988)
y Los hombres frente al cambio de las mujeres (Lozoya y Marqués, 1996)
se refieren a la respuesta de los varones frente al cambio femenino, y la
otra: La flotante identidad sexual (Ortega y otros, 1993), se ocupa del posicionamiento
juvenil frente a la construcción de nuevas identidades.
3) Numerosos artículos e informes -que pueden encontrarse en diversas
revistas que editan muchos de las asociaciones que veremos en el próximo
apartado- confirman que estas categorías y las características
y reacciones de los varones que las conforman son similares a las que se
encuentran en otros países del mundo occidental desarrollado.
4) Este nombre ("men's movement" en idioma inglés) es de uso problemático,
porque en Hispanoamérica se usa con cierta frecuencia para designar
-luego veremos por qué- sólo a uno de estos movimientos (el
mitopoético). En este artículo la designación será
usada al modo anglosajón, que reconoce la pluralidad de dichos movimientos.
5) De todos estos grupos, así como de los grupos de los otros movimientos
que serán mencionados, se puede encontrar amplia información
en Internet, realizando una búsqueda por sus siglas, o a través
de la "men's issues page", donde hay información completa sobre las
temáticas de la masculinidad.
6) Los únicos libros correspondientes a este movimiento que he encontrado
en España son: Marqués, 1991; Gil Calvo, 1997; Bonino, 1998;
así como el proyecto de investigación educativa "Arianne".
Con vocación de detective pueden encontrarse algunos otros libros
y artículos en algunas editoriales universitarias o pequeñas
editoras no comerciales hispanoamericanas.
7) Para conocer el interesante debate actual sobre la cuestión de
los derechos/deberes de los padres, se puede consultar: Men, Gender Division
And Welfare (Popay, 1998).
8) Por ejemplo, las surgidas del Seminario Internacional "Los hombres y
el cuidado de los niños", organizado por la Red de Atención
a la Infancia de la C.E. en Ravenna, Italia, en 1993.
9) Del cual Suecia es pionera.
10) Como indican, por ejemplo, las conclusiones de la reunión de expertos
de la UNESCO, "Los roles de los hombres desde una cultura de la paz", realizada
en Oslo en 1997.
11) En Europa, son ejemplo de ellos: RIME en Francia, Changing Ways en UK
o Manner en Suecia.
12) Dada la amplia bibliografía sobre el tema del artículo,
ofrezco en esta oportunidad sólo algunos autores y libros relevantes,
incluyendo en la bibliografía inglesa con traducción al castellano
el año de edición en nuestro idioma, como ayuda para poder
apreciar el boom en los 90 del tema "varones".
Este artículo ha sido publicado en: Lectora. Revista
de Dones i intertextualitat, 4 ,1998 (monográfico Hombres y feminismo),
editada en Cataluña. Es una versión corregida y aumentada de:
"Los varones y el cambio femenino" aparecido en 1995 en Revista de la Direcciòn
española del Menor, 27 (monográfico sobre Reparto de responsabilidades
entre hombres y mujeres en la familia)
El autor, Luis Bonino Méndez, es psicoterapeuta especializado en problemáticas
masculinas y director del Centro de Estudios de la Condición Masculina,
de Madrid.
Correo-e: lubonino@wanadoo.es
Tel. +34-913-093-771 ~ Fax: +34-913-931-065
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Los varones frente al cambio de las mujeres
Luis Bonino Méndez - Noviembre de 1998
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