Jugando a ser... mujer en el tercer milenio

por Susanna Rance (srance@latinwide.com).

 

"Podríamos decir que los cuerpos generizados son como actores/as en una obra de teatro sin guión, tratando desesperadamente de imitar una vida que nadie jamás haya llevado."2

El otro día con el grupo de trabajo sobre masculinidades hicimos una dinámica: "Jugando a ser... Entrevista a un/a heterosexual"3. Volcamos hacia la supuesta normalidad de lo hétero la interrogación que suele dirigirse a "l@s otr@s", transgresores/as del sexo oficial. L@s participantes formaron tríos - una persona que quería jugar a ser heterosexual, un/a entrevistador/a y un/a observador/a - para el ejercicio que incluyó preguntas como: "¿Cuándo descubriste que eras heterosexual? ¿Te costó aceptar tu heterosexualidad?".
Esta experiencia me llevó a soñar despierta y dormida sobre las identidades dinámicas, los géneros elásticos y cuerpos moldeados que van transformando la cultura sexual del fin de milenio. Se me pidió escribir un artículo sobre "salud de la mujer" y me invadió la duda: ¿quiénes seremos las mujeres? Pensé en los géneros múltiples que protagonizaron el reciente congreso nacional de comunidades gay, lésbicas, bisexuales, travestíes, transexuales y transgénero, y el concurso Miss Transformista La Paz. Recordé el relato de una estudiante sobre sus prácticas de observación en un sindicato de transporte urbano donde hay choferes mujeres "jugando a ser" hombres - opción/estrategia que subvierte simultáneamente la exclusión laboral y la normatividad genérica.
Llegué a sentir algo que había asumido teóricamente hace algún tiempo: que la pertenencia a la categoría "mujer", lejos de ser un atributo natural, puede ser reivindicada, negociada o rechazada por seres en movimiento. La transformación de sexualidades y géneros ocurre paso a paso con cada cuestionamiento, acto transgresor y creación de nuevos movimientos culturales.
Me puse a recordar algunos instantes de mi vida en los que aprendí a ser mujer. Con cinco años, parada encima de un muro al lado de mi mejor amigo, mojando mis piernas en el intento de dirigir un chorro de orina al jardín del vecino. Con siete, tiritando en la tela áspera de un vestido rosado con enormes volados, sintiéndome más payaso que ángel. Con doce, acercándome a un grupo de chicas y huyendo avergonzada cuando la más grande me interpeló: "Entonces, ¿qué es la menstruación?". Con 16 años, llorando la pérdida de mi virginidad porque ya no era una niña. Al trazar la construcción de mi femineidad me encuentro con la conciencia amarga de no haber encarnado los ideales genéricos de cada momento y contexto.
Esta reflexión me hace concluir que ser mujer en el nuevo milenio será un juego, pero ningún chiste porque conlleva la defensa corporal de identidades en constante proceso de recreación. Seguiré siendo cómplice de momentos subversivos y preguntas incómodas que desconstruyen los modelos rígidos de sexo/género. Participaré con ganas en este teatro con sus escenarios fluidos, guiones inacabados y actores/as en transformación.


NOTAS:

1 Socióloga, investigadora y mete-líos sobre temas de género, sexualidad y salud. (srance@latinwide.com)
2 Diane Elam 1994. Feminism and Deconstruction. Ms en Abyme, p. 50. Londres & Nueva York: Routledge
3 Javier Sáez 1996. "Entrevista a un heterosexual", Debate Feminista Año 7, Vol. 13, abril, pp. 14-16